El MADRID DE RIJKAARD, EL BARÇA DE QUEIROZ

En el fútbol, la realidad supera la ficción. Frases como “El fútbol es un estado de ánimo” o “Hay Liga hasta que las matemáticas no digan lo contrario” son tópicos que muchas veces se dicen por aclamación popular más que por propia convicción. Pero una vez más, lo que está ocurriendo esta temporada nos demuestra que estos tópicos son ciertos.

Desde que se levantó el telón de la temporada 2015-2016, todo el mundo apostaba por el mismo guión en los 3 actos de la obra: presentación, desarrollo y desenlace.

  • PRESENTACIÓN: La temporada comienza como acabó la anterior: un Barça intratable, líder indiscutible en Navidad, combinando el juego asociativo de la “era Guardiola” con un juego de transiciones rápidas espectacular. La MSN estaba más compenetrada que nunca (si no fuera por los goles y la constancia de Cristiano Ronaldo habrían monopolizado el podio del Balón de Oro). Por otro lado, el Madrid iniciaba la “era Benítez”: una decisión de JAS rayana en motivos que se escapan de la racionalidad. Aspectos como la importancia de la cantera, la figura del hombre de club, el producto nacional, el trabajo y la disciplina pesaron más que las necesidades reales del conjunto merengue. Una vez más, el Madrid olvidaba lo más importante: que el fútbol de Benítez no es, ni puede ser, la oferta que busca el Real Madrid y lo que demandan sus seguidores.
  • DESARROLLO: El Barça caminaba firme hacia su 24º título de Liga. Cada jornada demostraba ser un rodillo sin fisuras: firme en defensa, intenso y creativo en el medio del campo y demoledor en ataque. La MSN se exhibía en cada partido y las goleadas pasaron de excepción a regla. El Madrid seguía muy lejos de la excelencia que tanto anhela Florentino y de la solidez y el rigor táctico que siempre han caracterizado a los equipos de Benítez. Después de una irregular primera vuelta y de la búsqueda estéril del buen juego, un empate en Mestalla desencadenó el incendio en Chamartín: el Madrid decidió prescindir de los servicios de Benítez y se aferró la última bala del cartucho del presidente: Zinedine Zidane, uno de los grandes jugadores de la historia, pero con poquísima experiencia como entrenador. La buena relación de Zizou con los jugadores (ya convivió con ellos en la época de Mourinho y en la de Ancelotti), su aparente tranquilidad y el carácter ganador que demostró en su etapa como jugador son los motivos que sustentan la elección de su nombramiento.

Sin embargo, tras un debut espectacular (5-0 ante el Deportivo de la Coruña), el “efecto Zidane” se disipa demasiado rápido con dos empates fuera de casa (Betis y Málaga) y con la derrota en casa ante el Atlético. El Madrid adolecía de los mismos males de la “era Benítez”: poca contundencia en defensa, poco fútbol y ninguna fiabilidad lejos del Bernabéu. Daba la sensación permanente de ser un equipo poco trabajado que vivía de las acciones individuales (cada vez más esporádicas) de sus jugadores. El DESENLACE parecía claro: Liga culé a varias jornadas del final del campeonato y con la ventaja adicional de gestionar mejor los esfuerzos para rendir al máximo en la Champions y en la Copa. Triplete a la vista…

  • DESENLACE: Todos veíamos la foto del Barcelona levantando la Champions en Milan, pero el fútbol es maravillosamente imprevisible. El Barcelona, en su mejor momento, recibía en el Clásico a un triste Madrid con la posibilidad de sentenciar la Liga, humillar a su eterno rival y de paso rendir homenaje al recientemente fallecido Johan Cruyff. Nada más lejos de la realidad. El Madrid tiró de orgullo (y de fútbol) y sacó los 3 puntos, remontando el partido con un hombre menos. Seguramente la mayoría de madridistas le dieron menos importancia a esa victoria de la que realmente ha tenido…

Este partido fue el principio de una situación que recuerda mucho a la vivida hace ya 12 años (con los papeles invertidos). El Barça de Rijkaard, que había completado una primera vuelta desastrosa (que a punto estuvo de causarle el puesto al holandés), llegaba al Bernabéu con la Liga perdida pero con buenas sensaciones en cuanto al juego (la llegada de Davids dio mucha libertad a Xavi y Ronaldinho, cuyo fútbol crecía exponencialmente semana a semana). El Barça ganó por idéntico resultado (1-2) también remontando (Solari había adelantado a los blancos) a un Madrid que 15 días antes había caído en Champions ante el Mónaco y un mes antes había perdido la final de Copa ante el Zaragoza en Montjuic.

El Barça de Rijkaard ganó al Madrid de Queiroz. Un Madrid que, aunque alguno no lo reconozca, fue el Madrid más atractivo que hemos visto nunca (eso sí, sólo duró 7 meses). La derrota hundió al Madrid de tal manera que acabó cuarto en el campeonato liguero, supuso el fin futbolístico de la era galáctica y comenzó una de las peores etapas en la historia del conjunto blanco, tanto deportiva como institucionalmente. El Barça, sin embargo, comenzó una etapa gloriosa (dos Ligas y una Champions en dos años) que supuso los cimientos del mejor Barça de la historia: el Barça de Pep Guardiola.

Hace sólo unas semanas, el Madrid ganó en Barcelona por el mismo resultado y en circunstancias parecidas a las de aquella temoporada. La diferencia entre aquel año y éste es que la primera vuelta del Madrid le ha permitido seguir en la pelea por la Liga y sigue vivo en Champions. Es decir, puede mejorar lo que hizo el Barça de Rijkaard.

En 2004, Rijkaard y sus jugadores, con la Liga ya perdida, entendieron el resto de jornadas como la pretemporada ideal de cara a la siguiente campaña. Aquel Barça sería un magnífico espejo en el que debería mirarse Zidane para empezar desde ya a crear una idea de juego en el Madrid, conocer las características de sus jugadores, generar automatismos y darse cuenta de lo que realmente falta para buscarlo en el mercado veraniego.

En el fútbol las cosas cambian a una velocidad de vértigo. Ocurren las cosas más inimaginables. La realidad supera la ficción. ¿Os imagináis que después de haber visualizado durante toda la temporada un desenlace de triplete blaugrana “el Barça de Queiroz” consigue cero títulos? Es increíble que el Madrid después de 8 meses tan convulsos (enfrentamiento de los pesos pesados con su entrenador, mala forma física de varios jugadores…) esté a 3 partidos de ser Campeón de Europa y a un solo punto del líder en la Liga. Y lo que es más importante: que tenga una oportunidad única de crear una dinámica positiva que le permita además ganar las 2 próximas Ligas con Zidane.

En 1995 el Madrid de Valdano le devolvió la manita al Barça de Cruyff. En unas semanas sabremos si en 2016 el Madrid de Zidane le devuelve la jugada al Barça de Luis Enrique.

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