La montaña rusa blanca

“El fútbol es un estado de ánimo”, dijo una vez Jorge Valdano. No le falta razón. Desde la llegada de Zidane al banquillo blanco, el Real Madrid y su entorno han atravesado varias fases anímicas radicalmente opuestas. Desde el optimismo inicial con varias victorias cómodas, a un escepticismo preocupante tras “tirar” la Liga en varios partidos para olvidar. En las últimas semanas lo hemos vuelto a ver. Un gran partido en el Camp Nou derrotando al líder, para volver al descalabro con un partido horroroso en Wolsburgo. Y ahora vuelta al optimismo tras la remontada del pasado martes. ¿A qué se debe tanta irregularidad? ¿Cómo es posible que un equipo sea capaz de lo mejor y de lo peor en cuestión de días? ¿Es un tema de juego? ¿De motivación?

La respuesta da para mucho, pero centrémonos en el juego. Lo que queda patente es que el Real Madrid de Zidane es un equipo en construcción, que todavía está en los cimientos, y que muestra una serie de carencias importantes: una manera muy deficiente de hacer la presión, de defender (con las líneas muy separadas), y una salida de balón que deja que desear. Da la sensación que todo acierto en ataque es consecuencia de acciones individuales puntuales gracias a la calidad de sus atacantes. Centrémonos en las carencias.


La presión

Empezando desde los tres atacantes, se hace de manera anárquica e ineficiente. No descubrimos la rueda al decir que ninguno de la BBC cuenta con especial interés en cumplir una labor defensiva aceptable, pero como ha quedado demostrado en infinidad de ocasiones, un equipo con tres jugadores que no defienden es difícil que pueda ganar algún título.
Cuando el rival saca la pelota, cada jugador blanco hace un movimiento completamente caótico sin seguir un patrón definido, lo que conlleva a que con dos pases fáciles la defensa rival se deshaga de los 3 atacantes merengues, generando superioridad en el centro del campo madridista.

Existen 2 posibilidades para ejercer una presión adecuada:

  • Si vas a ejercer una presión adelantada, debe ser ordenada e intensa. Ordenada hasta tal punto que si un solo jugador no cumple su función de manera adecuada, la presión de todo el equipo será totalmente inútil. Ocurre como los eslabones de una cadena. Si uno falla, por muy bien que funcionen el resto, no servirá de nada. Y lo que es aún peor, dejará al equipo mucho más desarmado y al rival con más espacios para atacar. Si van los delanteros a la presión, debe ser de la mano de los centrocampistas y de la defensa, basculando todo el equipo de manera conjunta.
  • Por otro lado, se puede realizar una presión más retrasada, acumulando gente en el centro del campo, con el equipo junto, la defensa adelantada y cerrando los espacios al rival.

El Real Madrid no realiza ninguna de las dos opciones. Esto supone que los tres centrocampistas se vean la mayoría de las veces avasallados por un rival con superioridad numérica en el centro del campo, y muchos espacios por delante, lo que facilita mucho las cosas al atacante.

La distancia entre líneas

Para que un equipo sea compacto debe estar junto. No hay más que ver al Atlético. Y el Real Madrid a día de hoy es todo lo contrario. Tanto por culpa de la defensa, liderada por Sergio Ramos, que se meten atrás cuando deberían sacar la línea 20 metros más adelante, como por culpa de los delanteros, que no se juntan con los centrocampistas y van a hacer la presión caóticamente como apuntábamos en el punto anterior. Es cierto que sin una presión adecuada de los delanteros es difícil sacar la línea defensiva muy arriba, ya que al no existir esa presión a su salida del balón cualquier jugador con un golpeo medianamente bueno puede filtrar un balón a la espalda de la defensa sin complicaciones. Es por ello que todo equipo debe defender de manera conjunta, empezando por los delanteros, y con las líneas lo más juntas posible, para cerrar los espacios al rival. Esto solo se consigue con solidaridad defensiva de todo el equipo, ayudas, coberturas, coger el sitio del compañero, etc.

La salida del balón

Hemos visto muy claramente en los últimos partidos la disposición táctica de los 3 centrocampistas blancos a la hora de sacar el balón. Casemiro, el mediocentro defensivo, se adelanta unos metros para dejar hueco a Kroos y Modric que bajan a recibir y comenzar a crear. De esta manera, con los extremos abiertos y sin gran movilidad, y solo un delantero, se crea una laguna enorme por el centro en la línea de tres cuartos, sin que exista un mediapunta o llegador que aproveche ese espacio para generar juego. Kroos y Modric no encuentran alternativas de pase hacia delante, salvo cuando algún lateral sorprende llegando de 2ª línea. Muchas veces vemos que el recurso más utilizado es un balón largo de Pepe, que no es precisamente su punto fuerte, con pocas posibilidades para los delanteros, y únicamente llegando un jugador a la segunda jugada (Casemiro), lo que convierte en casi un imposible mantener la posesión. Una de las soluciones podría ser que Modric o Kroos recibieran la pelota más arriba, bajando únicamente uno a recibir y otro el que dé opción de pase hacia delante, o tirando desmarques de ruptura y generando espacios para que sean aprovechados por la BBC. Esto además aportaría más llegada a cualquiera de los 2 interiores, que cuentan con buen golpeo.


El Real Madrid, tras una temporada muy irregular llena de altibajos, tiene una oportunidad única de estar en la final de la Champions. No puede desperdiciarla, y para ello debe mejorar en estos aspectos. Es cierto que no hay mucho tiempo, y por ello debería priorizar arreglar los desbarajustes defensivos, ya que cuenta con tal calidad arriba que los goles acabarán llegando de una manera u otra.

Y ahora, desde la parte de arriba de la montaña rusa, es el momento.

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