Bernabéu: ¿cementerio de elefantes?

Muchos os veréis sorprendidos cuando leáis el título de este artículo. Lo primero que os preguntaréis es qué tiene que ver la famosa leyenda africana con un estadio como el Santiago Bernabéu.

Pues bien, si el título os recuerda a cómo los paquidermos, cuando tienen cierta edad, acuden a tranquilos lugares de las grandes llanuras cuando se hallan moribundos, no encontraréis relación alguna entre el estadio y estos grandiosos animales. El Bernabéu no es, o no debería ser, un lugar que acoge a jugadores que se encuentran en su ocaso futbolístico.

Sin embargo, si pensamos en el gran tamaño de estos majestuosos mamíferos y lo comparamos con las grandes figuras o promesas que ha conseguido enterrar este estadio, lo comprenderemos todo.

El Santiago Bernabéu, si hablamos de él en conjunto con su afición, es un lugar amado y odiado a partes iguales por los aficionados madridistas. Es un estadio grandioso, cercano al terreno de juego y vibrante en ocasiones. Al mismo tiempo, es un estadio difícil y, sobre todo, exigente para aquéllos jugadores que acaban vistiendo la elástica blanca.

Muchos lo tildarán como un campo injusto y, en ocasiones, arbitrario. Un estadio capaz de engalanarse y llevar en volandas a su equipo en las grandes ocasiones y, al mismo tiempo, un campo capaz de pitar a los suyos en las primeras jornadas de Liga cuando, muchas veces, el equipo ni siquiera está rodado. Y es que el Bernabéu, como decía al principio, es un campo exigente, muy exigente y, sobre todo, poco paciente.

En mi opinión, el problema principal viene del Club y, en segundo término, de los propios jugadores.

Para mí, dos son los errores de partida por parte del Club que provocan que en muchas ocasiones se ponga de manifiesto esa falta de sintonía entre el equipo y la afición: (i) no transmiten la filosofía ni lo que significa el Madrid a sus propios jugadores, ni cuando los están formando ni cuando los fichan y (ii) no inciden en lo importante que hoy día es la comunicación con sus propios aficionados de forma que permiten que terceros sean los que generen opinión a espaldas del Club.

En cuanto a los jugadores, su principal contrariedad viene ligada al primer problema mencionado anteriormente: su profundo desconocimiento del Club al que pertenecen. Esto es responsabilidad de ellos pero también lo es del Real Madrid como institución dado que este problema sucede tanto con los jugadores que vienen de la cantera como con los jugadores que el Real Madrid ficha cada verano.

Es cierto que hoy día, con jugadores millonarios, endiosados y caprichosos, esta labor se hace cada día más ardua pero también es cierto que el Real Madrid, como institución, debería exigir más, no sólo juego y resultados sino también actitud. Y es que la aptitud en los equipos grandes es importante pero en el Real Madrid la actitud debería ser igual de importante o más y eso, parece que se ha olvidado.

El Bernabéu es un campo sencillo y complicado al mismo tiempo. Es un estadio poco benevolente. Un lugar capaz de destruir a los mejores jugadores del mundo o de hundir a los jóvenes con mayor proyección. Un sitio capaz de enterrar a jugadores con una calidad del tamaño de elefantes pero también un lugar capaz de encumbrar a futbolistas que aspiran a lo más alto.

El Santiago Bernabéu exige calidad, sí. Eso es indudable. No se puede esperar menos de la afición del mejor Club del Siglo XX. Pero sobre todo, el Bernabéu demanda esfuerzo, compromiso, compañerismo, lucha, hambre, descaro y, sobre todo, no rendirse jamás. Eso que tan de moda está recordar cada vez que hay un gran partido o que es necesaria una remontada, el espíritu del Madrid de los 80 copado de madridistas de verdad que amaban y vivían por los colores de su equipo.

Desgraciadamente esto se ha difuminado poco a poco y gran culpa de ello la tiene el Club que con un modelo sin rumbo fijo y permitiendo en ocasiones los caprichos de sus grandes estrellas ha ido deambulando de un lado a otro sin una dirección deportiva y, sobre todo, de valores claros.

Está muy bien acordarse de determinados valores en las ocasiones que el equipo los requiere. Mejor aún si esos valores sirven para irradiar optimismo y ganas a equipo y afición. Pero no nos engañemos, el hombre es un animal de costumbres y como tal, cuando no está acostumbrado habitualmente a pelear, el día que verdaderamente tiene que dar el do de pecho, es incapaz, al menos con la misma suficiencia que cuando lo hace todos los días. No será por falta de ganas ni de compromiso ese día pero será su falta de compromiso durante el resto de momentos el que le impida desempeñar de la mejor manera el día que lo requiera.

Por una u otra razón me vienen a la cabeza determinados jugadores que a pesar de su calidad o proyección no triunfaron. El más sonado Kaká. Si repasamos los valores antedichos, en su llegada al Real Madrid, no cumplía con ninguno. Es triste decirlo de un jugador que ha sido balón de oro y que tenía una indudable calidad pero la realidad es que su compromiso, lucha, hambre y descaro era prácticamente inexistente y el Bernabéu, como es lógico, no se lo perdonó.

Algo parecido a lo de Canales cuyo descaro en el Racing de Santander llamó la atención de todo el fútbol español. Sin duda, era la gran promesa de aquél entonces pero con su llegada al Real Madrid perdió precisamente lo que le hacía diferente, el descaro. Desde su llegada se convirtió en un jugador plano con miedo a fallar que siempre buscaba la alternativa fácil para no despertar las iras del público. Una actitud que, sin que él mismo lo supiera, cavaría su propia tumba sin que hubiera llegado todavía a convertirse en un elefante. Su posterior desgracia con las lesiones es un tema diferente.

En el Madrid actual el que más “huele” a fracaso precisamente por su actitud es Danilo. Un jugador que aunque demostró que atesora una indudable calidad en el Oporto parece que desde su llegada al Madrid le es suficiente con hacer lo mínimo cuando debería ser todo lo contrario. Sus carencias defensivas las conocíamos pero en lugar de suplirlas con el esfuerzo las acrecienta con su desidia. En lo ofensivo, aunque en muchas ocasiones participa, echamos en falta su descaro. Esperemos que sea sólo cuestión de tiempo que entienda la idiosincrasia del Club y no acabe enterrado antes incluso de convertirse en elefante.

Y es que el Bernabéu es exigente, sí, incomprendido en ocasiones, también, pero jamás oí que jugadores como Raúl, Juanito o Santillana fueran pitados por un estadio que caprichoso o no lleva al edén futbolístico a todo aquél que encuentra la sintonía con su público.

Deja un comentario